martes, 10 de enero de 2017

En busca de la mujer desnuda

Hubo una época de mi vida en la que fui un verdadero obseso de la vida reproductiva de los gusanos de seda. De hecho, pasaba bastante de ellos durante su muda, con el consiguiente enfado de mi madre que tenía que ocuparse de alimentarlos y limpiar la caja, varias en realidad, donde los guardaba. Pero en cuanto salían las mariposas en su forma adulta, ya no quitaba ojo de ellas, esperando ver cómo se apareaban machos y hembras.
Pasaron aquellos años y también mi obsesión por esta fase vital de los gusanos, pero siempre me quedó la duda de qué era exactamente lo que tanto me llamaba la atención de esos momentos. Y entonces empecé a analizarlo todo con más detenimiento, y me di cuenta que mi gusto por ver mujeres desnudas, mas aún, verlas desnudándose, quizá tuviera mucho que ver con aquello. ¿No era eso lo que hacía la mariposa adulta, quitarse su capullo de seda y salir desnuda de él, aunque desde luego mucho más bella y atrayente? Justo lo que yo siento cuando veo a cualquiera de las amantes que he tenido quitarse la ropa muy lentamente, tal como me gusta a mí.


En el mundo de los gusanos de seda, las hembras son las más grandes y hermosas de los dos géneros, y cuando salen de su nido de seda pueden ser realmente impresionantes; pero poco les dura su belleza, pues entonces su único objetivo es copular para poder poner los huevos de larvas de sus próximas crías, y luego morir. Nada que ver por supuesto con los humanos y mucho menos con el género femenino, que si se ponen guapas no es precisamente para dedicarse a preñarse y luego morir en el parto (gracias a dios, por cierto); las hembras de nuestra especie se asemejan más a la mantis religiosa, al menos en el aspecto de ponerse guapas para atraer a la mayor cantidad de machos posible (por ahora no llegan al asesinato, jeje).
Claro que en los humanos hace mucho que no se practica el sexo con fines puramente reproductivos; de lo contrario el porno anal no tendría sentido, y mira que hay gente que lo disfruta. Ahora las hembras más activas sexualmente hablando son las mujeres maduras, que ya saben lo que quieren, y conocen su coño por dentro a la perfección, sabiendo que el final perfecto para el acto sexual es el orgasmo femenino, el suyo en particular; nada que ver con mujeres de otras épocas, que veían cómo los hombres disfrutaban del sexo sin importarles si para ellas era igual de placentero o no, y que a veces los veían desahogarse como si no importara mucho a la tía que tuvieran debajo o encima, dependía del caso. Por suerte, nuestras mujeres se han liberado, y no podemos negar que en la gran mayoría de los casos eso repercute en el propio placer sexual de los hombres.
Pero nada de esto tiene que ver con la sericultura. En el mundo de nuestros lepidópteros favoritos, las hembras sólo tienen un objetivo: reproducirse lo antes posible. Y lo mismo les da si a ellas se acerca el gusano más guapo, o por contra, el feo del grupo; se apareará con el primero que aparezca, y si no queda fecundada, repetirá y repetirá hasta que lo sea, con el mismo o con cuantos vayan llegando, para luego morir tras poner sus huevos y dejar todo un rastro de cadáveres de machos por el camino.
En fin, que todo aquel que caiga en los brazos de estas mujeres recién desnudas, metafóricamente hablando, habrá encontrado el abrazo de la muerte, pero así es su ciclo reproductivo desde hace milenios. Y donde manda la naturaleza, el hombre poco puede hacer.

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